Hoy ha sido mi primer día de trabajo con alumnos, no el primero de mi vida, el próximo mes de octubre se cumplirán 21 años desde que por primera vez pisara un aula como maestro.
Al recibir a mis alumnos en la fila del patio he visto sus caras llenas de ilusión y alegría y, al acercarme a ellos, literalmente se han tirado encima de mi abrazándome. Ha sido maravilloso comprobar que los niños me quieren. No sólo como maestro sino como persona.
La relación que se establece con tu grupo de alumnos es algo muy especial. Ser tutor de Primaria tiene mucho trabajo. No sólo tienes que lidiar con los alumnos, sino también con las familias. He sido especialista y la verdad es que los años que estuve impartiendo mi especialidad sólo tenía que preocuparme de mis alumnos, pero prácticamente me desentendía de las familias en general. No obstante, ser tutor es altamente gratificante. Más sacrificado laboralmente pero muy gratificante.
El abrazo de mis alumnos hoy ha significado muchísimo para mí. Es una muestra de cariño sincera. El corazón de un niño no entiende de intencionalidades, es puro y transparente. Por eso cuando se han abalanzado sobre mí ha sido como volver a pisar un aula por primera vez. Me han hecho sentir que trabajo en lo que me gusta y en lo que es para mí una vocación.
Un curso escolar más voy a estar dando lo mejor de mí para que estos niños y niñas de hoy sean personas de provecho el día de mañana. Es una gran responsabilidad a la par que una gran orgullo para mí.
